No hicieron falta anuncios, hizo falta confianza
Por qué los mejores ciclistas del mundo empezaron a usar Whoop antes de que nadie les pagara por ello
CICLISMO
The Contract Talk
7/29/20263 min leer


Cada vez se ve más la Whoop band asomando en las muñecas de los mejores ciclistas del mundo. Hace tres años era solo uno. Ahora es medio equipo top. Y la razón no es la típica historia de una marca que patrocina a un deportista sin más. Es algo más calculado, y más interesante, de lo que parece a simple vista.
¿Por qué Van der Poel el primero?
Hay algo que se pasa por alto con él: no es solo rápido, es multidisciplinar de una forma poco común. Ciclocrós, gravel, clásicas, MTB. Pero lo que de verdad explica por qué fue el elegido es cómo corre. Van der Poel no calcula el riesgo mínimo, ataca donde otros esperan y no se guarda nada. Esa forma de vaciarse encajaba perfecto con lo que Whoop necesitaba demostrar: que su producto aguanta el límite real del cuerpo humano, no el límite cómodo de alguien que corre para no perder.
Y encaja con algo que Whoop ya venía haciendo fuera del ciclismo. En vez de pagar fortunas por espacios publicitarios clásicos, buscaron atletas de un nivel tan alto que su sola presencia hacía el trabajo de credibilidad por ellos. No era marketing de influencers masivo, era credibilidad dirigida: asociarse con los que más rinden reforzaba que el dispositivo era para rendimiento serio, no para contar pasos. Van der Poel fue esa jugada aplicada al ciclismo, y de paso, el corredor perfecto para encarnarla.
Pogačar es un caso distinto, y más especial todavía
El matiz importa: Pogačar no firmó primero y empezó a usarlo después. Lo llevaba puesto antes de firmar nada. El mejor corredor del mundo decidiendo por su cuenta que aquello funcionaba, sin que nadie le pagara por ello. Eso vale más que cualquier cifra de contrato, porque a él no tuvieron que convencerlo de nada, solo formalizar algo que ya era verdad.
En abril de 2026 esto se formalizó a otra escala. Whoop firmó un partnership oficial de dos años con todo el UAE Team Emirates-XRG, nombrándolo su wearable oficial de salud y rendimiento. Tampoco es el único equipo: Whoop ya tenía un acuerdo similar con EF Education, prueba de que esto había dejado de ser cosa de un par de corredores sueltos para convertirse en estrategia de pelotón.
Cuando los números no tienen dónde esconderse
Hay una condición que Whoop mete en sus contratos y que casi nadie firmaría a la ligera: exigen a sus partners que compartan sus datos reales. No es un acuerdo de imagen, es una obligación de mostrarse tal cual eres. Nada de ponerse el aparato para la foto. Si un corredor lleva Whoop, sus cifras de sueño, esfuerzo y recuperación están ahí, expuestas, para bien o para mal. Cuando fallas, se ve en los datos.
Y gracias a esa condición han salido a la luz cosas que de otra forma nunca habríamos visto. El HRV de Van der Poel por encima de 200, más del doble que la media de un ciclista amateur de su edad. Pogačar llegando a 198 pulsaciones por minuto camino de ganar el Tour de Flandes de 2026. O como antes de que Richard Carapaz ganara la etapa 20 en el Alpe d'Huez, su recovery marcaba solo un 44%, muy por debajo de lo ideal, y aun así ganó la etapa reina. A veces los números no dicen lo que uno esperaría, y eso también forma parte de la historia.
El dinero no elige bando
En la última gran ronda de inversión de Whoop apareció Mubadala, el fondo soberano de Abu Dhabi, vinculado directamente a la familia real de Emiratos Árabes Unidos. Y ese mismo Mubadala tiene también participación indirecta en el ecosistema que financia a UAE Team Emirates. Capital del mismo país a los dos lados del acuerdo a la vez.
Junto a Mubadala invirtió también la Qatar Investment Authority, el fondo soberano de Catar. Y esto es lo curioso: Emiratos y Catar llevan años en tensión constante en Oriente Medio, hasta el punto de un bloqueo diplomático entre 2017 y 2021, y aun así, cuando se trata de meter dinero en una empresa como Whoop, sus fondos soberanos coinciden sin ningún problema. El negocio del deporte de élite, visto de cerca, cruza rivalidades que en cualquier otro terreno serían impensables de saltar.


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