El sexto hombre de la NBA que construyó una fortuna de 1.400 millones

Cómo un sexto hombre de la NBA aprendió el negocio detrás del mostrador y terminó siendo dueño de su antiguo equipo

BALONCESTO

9/13/20264 min leer

En septiembre de 2024 los Milwaukee Bucks presentaron a un nuevo socio minoritario. Compraba el 10% de una franquicia valorada en 4.000 millones de dólares. El club no tuvo que explicar quién era: había jugado 711 partidos con su camiseta, un récord del equipo que duró hasta que Giannis Antetokounmpo lo superó en 2023. Casi todos esos partidos los empezó en el banquillo.

La historia de Junior Bridgeman suele contarse como la de un suplente que se hizo rico. Vista de cerca, es la historia de un hombre que aprendió un oficio nuevo a los 33 años y tomó las decisiones que ese oficio pedía, aunque no fueran las cómodas.

Un sexto hombre con trabajo de verano

Bridgeman llegó a la NBA en 1975 como octava elección del draft de los Lakers. No llegó a jugar con ellos: pocas semanas después lo traspasaron a Milwaukee en el paquete que mandó a Kareem Abdul-Jabbar a Los Ángeles. Jugó doce temporadas, diez en los Bucks y dos en los Clippers, con 13,6 puntos de media. Era un sexto hombre fiable, de los que deciden partidos sin protagonizar portadas.

Nunca cobró más de 350.000 dólares en una temporada. Era una buena vida, pero no la de alguien que puede retirarse y olvidarse del dinero. En verano trabajaba: vendía seguros y atendía la recepción de un Howard Johnson.

Lo que aprendió al otro lado de la mesa

Su verdadera escuela de negocios fue el sindicato. Fue directivo de la asociación de jugadores y la presidió entre 1985 y 1988, en plena guerra por la agencia libre. La demanda antimonopolio que los jugadores presentaron contra la liga en 1987 lleva su nombre: Bridgeman contra la NBA.

En esas reuniones se fijó en algo que pocos jugadores miraban: cómo pensaban los propietarios. “Ver cómo razonaban los dueños… iban dos o tres preguntas por delante”, contó a Fortune en 2014. En los descansos de las negociaciones los oía hablar de inmobiliarias y de cine. Años antes, Jim Fitzgerald, el dueño de los Bucks, le había dicho medio en broma que los negocios solo tienen dos problemas: la gente y el dinero. Bridgeman reconoció que en aquel momento no lo entendió del todo.

Es lo que le pasa a un representante sindical en cualquier empresa. Pasa años negociando contra los jefes y un día se da cuenta de que ya sabe pensar como ellos.

Cinco Wendy’s que no daban dinero

Se retiró en 1987, con 33 años. Según Forbes, su primer intento salió mal: un Wendy’s en Brooklyn con su excompañero Paul Silas, que pasó apuros y acabó con un incendio. En 1988 compró cinco franquicias de Wendy’s en la zona de Milwaukee, la ciudad que mejor le conocía.

Los restaurantes no iban bien. El mejor facturaba unos 800.000 dólares al año y el peor, unos 400.000, cuando la media de la zona rondaba los 850.000. Su plan inicial era el que tendría casi cualquiera. Lo contó él mismo en una entrevista de 2014: no quería llevarlo, solo esperaba que funcionara y le llegara un cheque cada mes. Admitió que había seguido el mismo camino que siguen muchos jugadores que hoy le piden consejo.

Con los números delante, cambió de idea. Pasó por la formación de la cadena y trabajó en todos los puestos: la plancha, el mostrador, la ventanilla del autoservicio, la fregona. Tanto que un cliente, al verle detrás de la barra, comentó con desprecio que si eso era lo mejor que sabían hacer los exdeportistas. En el banco tampoco le tomaban en serio: una directora con la que trabajaba desde hacía años dirigía las preguntas a su socio y no a él.

Es la decisión que toma cualquiera que compra un bar sin saber llevarlo. O se pone detrás de la barra o acaba perdiéndolo.

Crecer a base de gestionar

Lo que vino después fue crecimiento a base de gestión. Se centró en contratar mejor y en dar a los empleados capacidad de decidir. Hablaba del equipo como en un vestuario: se gana juntos y se pierde juntos. Con los años fue sumando restaurantes y se asoció con otros jugadores que querían seguir el mismo camino, como Chauncey Billups, con quien compró 30 Wendy’s en St. Louis.

En 2014 tenía unos 195 Wendy’s y 125 Chili’s, con 9.000 empleados, y era el segundo mayor franquiciado de Wendy’s del país. En su mejor momento llegó a superar los 450 restaurantes.

Del mostrador a la embotelladora

En 2016 hizo el movimiento que más le definió como empresario: vendió 120 Chili’s y 100 Wendy’s y entró en el embotellado de Coca-Cola. Compró Coca-Cola Heartland, la embotelladora que reparte en partes de Kansas, Missouri, Nebraska, Iowa e Illinois. Forbes calcula que pagó unos 290 millones de dólares y que la facturación de la empresa casi se triplicó en ocho años, hasta rozar los 1.000 millones en 2023. En 2018 entró además como socio minoritario en el embotellado canadiense.

Él no dejó explicado el porqué, pero el cambio es fácil de leer desde fuera. Pasaba de vender a los clientes uno a uno a distribuir a toda una región, con mucha más escala y un producto que ya se vendía solo.

En diciembre de 2020 hizo una compra distinta: las revistas Ebony y Jet, dos referentes de la prensa afroamericana, que habían entrado en bancarrota ese mismo año. Pagó 14 millones de dólares.

Dueño del equipo que le pagaba como suplente

La compra del 10% de los Bucks se cerró en septiembre de 2024. Forbes estima que Bridgeman pagó unos 300 millones de dólares, con un descuento por ser socio minoritario. En febrero de 2025 la revista lo incluyó entre los milmillonarios, con un patrimonio estimado en 1.400 millones. Murió apenas un mes después, el 11 de marzo de 2025, a los 71 años, tras sufrir un infarto durante un acto en Louisville.

El club que le pagaba como mucho 350.000 dólares por temporada acabó teniéndole como uno de sus dueños. Treinta y siete años después de su último partido, volvió al mismo vestuario por la puerta de los propietarios.