El reloj que tenía que sobrevivir a Nadal

Cómo un reloj de un millón de dólares terminó en la muñeca del tenista más agresivo del circuito

8/5/20264 min leer

Le llevó un reloj de platino solo para verle la cara

Cuando Richard Mille se acercó a Nadal en 2008 para proponerle crear un reloj a su nombre, Nadal se mostró escéptico, como es normal. Pero antes de enseñarle nada en serio le gastó una broma: le llevó un primer prototipo en platino, pesadísimo, y disfrutó viendo su cara de confusión al probárselo antes de enseñarle el reloj de verdad.

Es una anécdota pequeña, pero dice mucho de cómo empezó todo esto. No con una reunión de ejecutivos hablando de cifras, sino con dos personas jugando entre ellas antes de ponerse serias.

Lo que ningún tenista se atrevía a hacer

Hasta ese momento cualquier tenista con patrocinador de relojes hacía lo mismo: se lo ponía antes del partido para las fotos, se lo quitaba para jugar, y volvía a ponérselo al terminar. Tenía sentido, porque un reloj mecánico no está pensado para aguantar el impacto de un saque a 200 km/h ni la torsión de un golpe liftado, y jugar con él puesto era arriesgarse a que se rompiera, o peor, a que estorbara.

Nadal llegó con la misma reticencia que habría tenido cualquiera. Lo que le hizo reconsiderarlo fue una conversación con el Rey Juan Carlos I, que le habló con verdadero entusiasmo de lo cómodo y ligero que le resultaba su propio Richard Mille. Si a él no le molestaba, quizá merecía la pena probarlo.

Nadal no fue el primer experimento, fue la gran apuesta después de uno más pequeño

Aquí hay un dato que casi nadie menciona. Seis años antes, en 2004, el piloto de Fórmula 1 Felipe Massa ya llevaba un Richard Mille. El propio cofundador de la marca lo reconoció después: no se apresuraron a firmar con nadie más grande, se tomaron su tiempo para aprender de la experiencia de Massa antes de dar el salto. Nadal no fue el conejillo de indias. Fue la apuesta seria, una vez ya sabían que la idea, al menos en teoría, podía funcionar.

Un reloj de un millón de dólares en la muñeca del tenista más agresivo del circuito

Y aquí es donde el asunto empieza a sonar a locura. Los relojes de esta colaboración rondan entre 500.000 y más de un millón de dólares, dependiendo del modelo, y no hablamos de un tenista de juego elegante y golpes medidos. Hablamos de Nadal, el jugador con uno de los estilos más brutales que ha dado el tenis, con liftados que retuercen la muñeca al máximo y cada bola jugada como si fuera la última del partido. Ponerle a alguien así un reloj de esa cifra en la muñeca, y encima pedirle que juegue exactamente igual de fuerte que siempre, suena más a apuesta temeraria que a estrategia de marketing.

Por eso el desarrollo no fue sencillo. Cinco prototipos se rompieron antes de que uno sobreviviera lo suficiente como para que Nadal lo llevara puesto en una final de Grand Slam, porque el objetivo nunca fue solo que aguantara un golpe cualquiera, sino que aguantara los golpes de Nadal, jugando como solo él juega. Y lo consiguieron: el reloj terminó pesando menos que una tableta de chocolate y aun así resiste fuerzas que tirarían por tierra cualquier otro mecanismo de precisión del mundo.

Qué busca Richard Mille con esto

No es publicidad en el sentido clásico, es una prueba de concepto ocurriendo en tiempo real, con el cuerpo y el estilo de juego más exigente del circuito como banco de pruebas. Ningún anuncio de estudio, por bien producido que esté, vale lo mismo que la imagen de alguien compitiendo al límite de verdad con tu producto puesto. Y no es casualidad que la marca elija a quién ficha con cuidado: otro de sus embajadores, el jugador de polo Pablo Mac Donough, admitió entre risas que él ni participó en el diseño de su propio reloj.

Qué gana Nadal

Más allá del dinero del acuerdo, gana algo que encaja más con lo que él representa. No es un reloj que se pone para una gala, es una pieza que existe porque su forma de jugar, tan sin freno, obligó a una marca entera a rediseñar los límites de lo que un reloj mecánico puede aguantar. Con Nadal fue distinto desde el principio. Él participaba en cada decisión, desde el peso hasta los materiales, así que el reloj terminó siendo tan suyo como de la marca.

Nadal se retiró en 2024, después de catorce años llevando estos relojes en cada partido importante de su carrera. Lo que empezó como una broma con un prototipo de platino terminó siendo la prueba de que se puede jugar al límite absoluto con algo que vale una fortuna en la muñeca, siempre que esté construido para aguantar exactamente ese límite.