Así se construyó el contrato de Messi en el Inter Miami
Un sueldo que la liga no permitía pagar, repartido entre el club, Apple y Adidas
FÚTBOL
9/9/20265 min leer


La MLS pone un límite a lo que cada equipo puede gastar en sueldos. En 2025 eran 5,95 millones de dólares para toda la plantilla. Messi tenía un sueldo garantizado de unos 20,4 millones al año, según la guía salarial que publica el sindicato de jugadores. Es decir, cobraba más del triple de lo que la liga deja gastar en un equipo entero. Con las normas tal cual, no cabía en ningún club.
Y aun así, esos 20 millones eran solo una parte. El resto llegó por otras puertas.
Es lo que pasa en muchas empresas con bandas salariales rígidas. Cuando quieren fichar a alguien que vale mucho más de lo que permite la tabla, no le suben el sueldo: le ofrecen comisiones sobre lo que traiga, acciones de la compañía y un paquete que no figura en la nómina. Eso, a escala Messi, es lo que se montó en Miami.
Una liga que se pone techo
La MLS no funciona como el fútbol europeo. Es una liga con tope salarial, pensada para que ningún club se dispare y todos sigan siendo competitivos y viables. La excepción tiene nombre propio: la regla del jugador franquicia, creada en 2007 para que pudiera llegar David Beckham. Cada club puede tener hasta tres de estos jugadores y solo cuenta una parte fija de su sueldo contra el tope (743.750 dólares en 2025). El resto lo paga el club por fuera.
La regla abre la puerta, pero no resuelve el problema. Según estimaciones de Sportico, el Inter Miami ingresó unos 56 millones de dólares en 2022. Pagar a Messi lo que se publicó que costaba, hasta 60 millones al año, solo con dinero del club habría sido como comprometer toda la facturación en un jugador. Hacía falta alguien más en la mesa.
La cláusula de Beckham
Para entender quién se sentó a esa mesa hay que volver al primer jugador franquicia de la historia. Cuando Beckham firmó con LA Galaxy en 2007, su contrato incluía una opción poco habitual: podría comprar en el futuro un equipo de expansión de la MLS a un precio fijado entonces, 25 millones de dólares. En su momento pareció un capricho para tenerle contento.
En 2014 ejerció la opción y eligió Miami. Para entonces, entrar en la liga ya costaba bastante más: en 2015, los nuevos clubes pagaron 100 millones. Luego vinieron cuatro años de pelea por un estadio, socios que entraban y salían y terrenos que se caían. El club se aprobó oficialmente en 2018 y jugó su primer partido en 2020.
El hombre que hizo posible la regla del jugador franquicia acabó siendo el dueño que la usó para traer a Messi.
La ingeniería
Lo que se publicó en el verano de 2023, sobre todo a partir de Sportico y Front Office Sports, fue un paquete con cuatro piezas:
Salario del club: el sueldo que pagaba el Inter Miami.
Apple: una parte de los ingresos por las nuevas suscripciones al MLS Season Pass, el servicio con el que Apple emitía todos los partidos.
Adidas: una participación en los ingresos de la marca, que viste a toda la liga y lleva años patrocinando a Messi.
Acciones: la opción de quedarse con una parte del club cuando dejara de jugar.
Jorge Mas, copropietario del Inter Miami, llegó a decir que el acuerdo con Apple fue muy importante para cerrar el fichaje.
Visto desde cada parte, todos tenían motivos para firmar. Apple había firmado un contrato de diez años con la liga, valorado en unos 2.500 millones según lo publicado, y necesitaba que la gente pagara por verlo. Adidas vendería camisetas en todo el continente. La liga sabía que Messi llenaría también los estadios rivales. Y el club conseguía un jugador que no podía pagar solo. Cada uno ponía dinero por lo que ganaba con él, no por un favor.
Lo confirmado, que es muy poco
Conviene separar lo que se sabe de lo que se publicó:
El fichaje: el Inter Miami lo anunció en julio de 2023, con contrato hasta 2025 y sin cifras.
El salario: la guía del sindicato de jugadores fija un salario base de 12 millones y una compensación garantizada de unos 20,4 millones por temporada.
La renovación: en octubre de 2025, Messi renovó hasta el final de la temporada 2028, también sin cifras.
Lo que dijo el dueño: lo más concreto llegó en marzo de 2026, cuando Mas dijo a Bloomberg que le paga «entre 70 y 80 millones al año», sumando todo.
Lo que nunca se publicó: los términos con Apple y Adidas, ni por ellos ni por el club.
Todo lo demás sobre cómo se reparte el dinero son informaciones de prensa.
Lo que pasó después
El efecto sí se pudo medir, aunque también con matices:
Suscripciones: según Sports Business Journal, el Season Pass rondaba el millón de suscriptores antes de Messi. Mas dijo que se duplicaron tras su debut, y el mismo medio informó de que el año acabó con más de dos millones. Apple nunca ha confirmado sus cifras.
Entradas: la reventa para partidos del Inter Miami se disparó un 1.700%, según CNBC.
Camisetas: Adidas habló de una demanda «sin precedentes» por la camiseta del 10, con pedidos retrasados durante meses.
Patrocinios: Sportico reveló un detalle curioso. Varios contratos de patrocinio del club incluían cláusulas que subían el pago si el equipo fichaba a un jugador con varios Balones de Oro. No nombraban a nadie, pero no hacía falta.
Valor del club: según Sportico, ingresó unos 200 millones de dólares en 2025, frente a 56 en 2022. Su valoración pasó de 585 millones en 2022 a 1.450 millones en 2026, la más alta de la liga.
El mecanismo también ha tenido que adaptarse. A finales de 2025, Apple y la MLS anunciaron que el Season Pass desaparecía en 2026 y que los partidos pasaban a la suscripción general de Apple TV, con el contrato acortado hasta 2029. No se ha publicado cómo afecta eso a la parte de Messi ligada a las suscripciones.
Lo que no pasa en Europa
En el fútbol europeo, el club paga y no hay nadie más en la mesa. Cuando El Mundo publicó en 2021 el contrato de Messi con el Barcelona, unos 555 millones de euros en cuatro temporadas, toda esa cifra salía de un solo balance. Meses después, ese mismo club no pudo inscribirle porque las normas económicas de LaLiga no se lo permitían.
En Miami pasó lo contrario. Las reglas también impedían pagarle, pero en lugar de cerrar la puerta obligaron a buscar a todos los que ganarían con su llegada y a pedirles que pusieran su parte. Al final no fue un club fichando a un jugador, sino una liga entera haciendo sitio.
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